Estéreo Picnic Colombia 2018

#FEP18

Fotos Mattew Valbuena, Camilo Baéz, Camilla Rozo y Manuela Uribe

La tarde se vio bañada por un sol implacable que recibió a la primera leyenda del día (serían varias): Abelardo Carbonó. El magdaleño de edad inmaculada tradujo el místico realismo mágico de la Ciénaga en una champeta atemporal. Un verdadero tributo a la cultura del caribe colombiano. Por su lado Pablo Trujuillo abrió el escenario Chevrolet Beat con su rock en español de evidente influencia argentina y unas deslumbrantes visuales. Finalmente Salvador y el Unicornio propuso un giro sicodélico muy mexicano al indie rock.

La Boa fue una comparsa de afrobeat que entre percusiones y coreografías reanimaron el espíritu de baile en la carpa Budweiser. Technicolor Fabrics sucedió a Pablo Trujillo en el tercer escenario con sonidos alternativos que encajaron perfecto en el mood rockanrolero que albergaba la carpa.

El inicio del atardecer lo marcó dos habilidosos de la música: Mike Kerr y Ben Tatcher. No deja de ser alucinante que con tan sólo un bajo y una batería la música de Royal Blood se devore todo el front of house del escenario Tigo. Un sonido tan abrazador como el de las más grandes bandas que se han visto en el Festival. Los riffs distorsionados y las penetrantes percusiones de Where are you now?, Hole in Your Heart, Figure It Out y  Out of the Black sólo dicen que Rock Pesado en Estéreo Picnic fue el Rock de Royal Blood.

“Desde hace 4 años estábamos en deuda”. Y cómo la acaban de pagar queridos Zoé. La banda más querida de la casa volvió a enamorarnos una vez más. Con un show intergaláctico la banda de León viajó por el universo sonoro que ha construido desde hace más de 20 años. Y junto al Capitán Memo Rex, la tripulación de músicos encontró por una hora y media el portal interdimensional que te pausa en el Aquí y Ahora. “Vía Láctea”, “Arrullo de Estrellas”, “Nada”, “Azul”, y un sin número de bellas palabras hicieron que el show de Zoé fuera un nuevo capítulo del idilio.

Zoé

Uno de los shows más profundos que ha recibido el festival fue The National. Los músicos de Cincinnati hicieron de la carpa Budweiser un bar melancólico y tenue. Los acordes menores del ensamble que Matt Berninger lidera irrumpieron en mitad del hype del Parque 222. Sin embargo el público lo aceptó pues fue imposible no dejarse seducir, incluso provocar, por las letras desgarradoras de una banda

James Murphy,¡¡¡¡ James Fucking Murphy!!!! LCD Soundsystem fue una aplanadora que se llevó por delante cualquier expectativa. “And so it starts!” decía Murphy y un ecosistema de música comenzaba a nacer. Como en una selva, los sonidos menos esperados atacaban el ambiente, pero nunca fueron extraños, por el contrario hacían parte de esa violencia divina de la creación.

LCD Soundsystem fue el reconocimiento definitivo de que la amistad entre el público, las bandas y el espíritu del FEP será para siempre. Dejar ser y disfrutar de la vida, tal cual es, en su inmensidad sonora. “All My Friends”, “Daft Punk Is Playing At My House”  y “Dance Yrsf clean” y otros clásicos contemporáneos de esta orquesta caleidoscópica, llena de razas, géneros, sonidos y la intención irrestricta de celebrar la vida.
80 mil personas habitaron este mundo distinto, este glitch en medio de la conspiración cotidiana de la manipulación informativa y la indiferencia.
Tres días épicos, miles de sueños cumplidos, cientos de amores concretados, 74 artistas, cuatro escenarios, más de 50 mil pelotas de colores, Diamante Eléctrico haciendo historia con Billy Gibbons, Gorillaz feat. De La Soul feat. Kali Uchis, Ben y Mike, Flowers como Elvis y Vannucci Jr. como un dios de la percusión, The National…transpersonal, Bonobo…vivo, Abelardo y su leyenda viva, el palenquero fino, Salomón y Pablo, Marea y el señor Grigahcine, un domingo mejor que ninguno en nuestras vidas.