Noches TITÁN: El nuevo estándar de fiesta en la CDMX

Así vivimos la primera su primera edición

Fuera de los reflectores y la parafernalia que va ligada a los reencuentros, el regreso de TITÁN estuvo envuelto en un aura de misterio que dejaba en claro que lo que menos quería la icónica agrupación era sobreexplotar su imagen. Tras 11 de años de silencio, Emilio Acevedo, Julián Lede y Jay De La Cueva se volvieron a reunir para que el único ruido que girara en torno suyo fuera el de la música y no el de los dimes y diretes sobre el por qué de su decisión.

Fue justamente eso y el trabajo que han traído a cuestas desde su aparición en el Ceremonia del año pasado lo que hizo parecer que en realidad no estaban regresando de su letargo, sino que simplemente habían continuado con algo que siempre estuvo ahí. Haya sido por sus trabajos alternos, o por el importante legado que TITÁN tiene en la escena electrónica mexicana, tal pareciera que esos 11 años fueron una ligera pausa y que el ingenio de los tres músicos no descansó para nada.

Y para prueba, lo que se vivió la noche del pasado viernes en la primera edición de las Noches TITÁN, el último esfuerzo de la agrupación por revivir, o desenmascarar, la faceta más oscura de la electrónica de la que en algún momento fueron el estandarte y que han venido demostrando que tienen todo para seguirlo siendo. Tal como su regreso, fuera de parafernalia ni relaciones públicas exageradas, la primera de estas fiestas reunió lo más excéntrico de la escena fiestera en un momento único difícil de explicar a los que no estuvieron ahí.

Empezando desde la misma puerta del lugar, todo se conjuntaba para demostrar que esta fiesta estaba destinada a alejarse de la norma por cada minuto que pasaba. Después de atravesar un restaurante, el típico restaurante sureño que muestra en su elegancia camp la decadencia de una época que no ha podido despedirse del todo, y subir una escalera de caracol, la primera de las Noches TITÁN comenzaba a cocinarse en un excéntrico salón con grandes espejos en las paredes en los que se reflejaban las tenebrosas luces rojas que bañaban el lugar. Rodeado de gente alejada de las modas y convencionalismos, DJ Hotmale, la faceta más oscura de LAO, comienza a demostrar los tintes con los que se irá pintando la velada.

Desde la cabina ubicada en la parte superior del salón, el hijo pródigo de NAAFI dejaba que sus manos fueran dictando el ritmo de la noche con un freestyle que exploraba los límites de lo industrial y que poco a poco fue haciendo que los incrédulos se acercaran a la pista de baile. Sampleando grandes éxitos de Daft Punk y Underworld, DJ Hotmale seducía con un éxtasis que no llegaba y cortaba con breaks agresivos antes de que los coros llegaran, rompiendo la zona de confort del público al tiempo que nos hacía reconsiderar lo que un set debería de ser.

Incluso una versión de “Corazón” adaptada a los tonos oscuros se hizo presente, para un punto en el que los cuerpos hacían que se olvidara el frío de la lluvia que caía afuera. Yéndose cada vez hacia terrenos más tenebrosos, el cierre del set anticipaba un poco lo que vendría, pero nunca con exactitud lo que terminó acaparándose del escenario con la llegada de Christeene. Unas risas lúgubres prepararon en terreno para el siguiente acto, que nunca le había hecho más honor a ese sustantivo.

El rojo de las paredes se vio deslumbrado por las luces que recibieron a la peculiar silueta de la extravagante drag queen, con un atuendo que extrañamente embonaba a la perfección con la atmósfera de la noche; cuyo antifaz reflejaba las máscaras que todos estábamos a punto de perder, su velo blanco nos invitaba a conocer al personaje que se escondía detrás de él, y su dildo atado a un par de globos completaba el orden dentro del caos que reinaba en todos los presentes.

Presentándose como una drag terrorist, Christeene llegó a sacar el verdadero yo de cada uno de nosotros que muchas veces dejamos oculto, pero que todos abandonamos un poco a cruzar las puertas del lugar. Más que pervertir nuestras mentes y cuerpos, su acto presentaba un espejo a todo aquello que muchas veces no queremos ver. “¿Qué hago aquí?”, preguntaba Christeene, al tiempo que todos sentíamos que era el único lugar en el que podíamos estar.

Las sonrisas nerviosas de aquellos que se resguardaban en las paredes del salón representaban a la mayoría de los que ahí estábamos, sin embargo la magia del lugar y de la voz rasposa de la drag queen hicieron que cada vez más gente se fuera olvidando de las formalidades y asimilando la belleza dentro de lo grotesco que somos todos. Entre caricias, besos y coqueteos lascivos, el personaje representado por Paul Soileau fue contagiando poco a poco cada rincón del lugar, haciendo inevitable el escape de nuestros propios demonios al tiempo que se despojaba de su ropa y el público se olvidaba de sus máscaras y juicios de valor.

Algo necesario para recibir a TITÁN, quienes al ritmo de “Apache” llegaron a rematar una noche que había perdido el mote de extraña y se comenzaba a consagrar como el nuevo estándar de fiesta en la Ciudad de México. Entre gritos y chiflidos, Acevedo, Lede y De la Cueva comenzaron con un set hipnótico que demostró como en la mente de muchos nunca se fueron. Y es que para estar presente, o regresar, no basta con continuar haciendo música, sino en proponer cosas tan disruptivas que tracen un nuevo camino a seguir.

Trancazo tras trancazo hacía que el sudor volara al ritmo de “Tchaikovsky”, “P.E.C.” u “Odisea 2001”, mientras que “Dama Negra” y “Dama Fina” demostraban como estos 11 años no pasaron en vano y el ritmo añejado de TITÁN llegó en mejor momento que nunca a la vida nocturna de la ciudad.

TITÁN no necesitó presentación. Subiendo al escenario comenzó el estruendo. Al rededor de de las 02:00 H del sábado “Apache”, la primer canción ejecutada, arrebató aplausos y chiflidos. Los sintetizadores de hechizaron la cadera de varias chicas e hipnotizaron el cuello de muchos. para viajar al pasado. “Space Chemo” y hicieron crujir el piso de madera. El sudor ya comenzaba a escurrir por la frente de aquellos que se pusieron a sacudir todo el cuerpo.

La perfecta sincronía de los tres hacía ver como realmente nunca hubo siquiera un dejo de disputa entre ellos, y su interacción en el escenario predecía muchos años más de fiesta. Años en los que nos sentimos optimistas cuando vemos el crecimiento que han tenido al interpretar su más grande clásico con un alma diferente. Un “Corazón” que no suena a lo que fue. Que no suena a Amores Perros. Suena a una fiesta que se estuvo condensando por una década y que explotó en la primera de las Noches TITÁN. Énfasis en “primera”. Si esto sigue así, harán falta venues y titanes para compartir con más gente lo que aquí se empezó a crear.

Por Uriel Delgado (@olayollo).

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