Vans presenta: El Último Vecino, santos, rancheras y catalán

Una plática extendida con la banda barcelonesa

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En pleno 15 de septiembre, fecha de fiesta nacional que conmemora la heroica gesta del Grito de Dolores que dio pie al inicio de la Guerra de Independencia, el centro de la Ciudad de México me estaba fusilando. Pasaba la una de la tarde y el sol caía a plomo. Nada menos que dos horas de retraso, un viaje por el sofocante metro y una cruda de los veinte mil demonios, me acompañaban en mi torpe galope a través de Donceles en dirección al Templo Mayor, última escala del mini-tour (sesión de fotos incluida) que unos amigos le daban a El Último Vecino, banda causal de mi correteo y objeto de la entrevista que había preparado desde unos días antes.

El Templo Mayor, al igual que la mayoría de las calles circundantes al Zócalo, estaba cerrado debido a la festividad, por lo que regresé algunos pasos para, por fin, encontrarme con mis secuaces en el pasaje que corre de Donceles a Tacuba lugar sirvió como utópico escenario para mi encuentro con la banda catalana. Vírgenes marías de tres metros, un Juan Pablo Segundo colosal, jesucristos en todas las posiciones y centenares de figuras religiosas observaban con sus macabros ojos de canicas mi apresurada presentación con los responsables de aderezar, unos días atrás, el festejo de aniversario de Plop Radio.

“Por lo menos tenemos algo en común; un fervor ardiente por la iglesia” me dijo Manuel Leal, una de las cuatro torres españolas que rebasan por mucho la estatura promedio en nuestro país, baterista de la banda desde su fundación y con quien quedé adelante del convoy que ahora buscaba comida. O por lo menos sombra.

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Después de dar una vuelta para comprobar que el restaurante que buscábamos estaba inaccesible y que nuestra segunda opción, la terraza de Porrúa, se encontraba cerrada hasta las siete de la noche, decidimos que nos quedaríamos en el primer lugar con sillas y comida que encontráramos. Media cuadra después, el Café Sor Juana apareció como un oasis en el desierto y, aunque no se podía fumar, la vieja fachada de piedra, los techos altos y las abundantes plantas, nos dieron la frescura necesaria.

La banda catalana tenía una firma de autógrafos en La Roma Records una hora después, así que decidimos hacer la entrevista mientras comíamos algo. El Café Sor Juana estaba ambientado, como casi todos los locales ese día, por música regional. Vicente Fernández, Juan Gabriel y mucho mariachi nos pusieron el soundtrack.

“No es por quedar bien pero es que me la he pasado muy bien” me dice Gerard Alegre Dòria, vocalista, compositor y frontman de El Último Vecino al preguntarle sobre su estadía en la ciudad, “Me da la sensación que llevamos mucho tiempo. Tal vez sea porque estamos en una ciudad que no es la nuestra pero siento que el concierto de Plop fue hace como dos semanas. Y apenas fue hace cinco”.

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No hay cerveza, pero nos dice la mesera que hay mezcal en cuarenta pesos. Nos fuimos por Coca Cola en lata para Pol Valls y para mí; limonadas para Bernat Castells y Manuel; y un té helado para Gerard. Yo seguía con el estomago revuelto pero todavía podía explicar los platillos y detallar cuáles llevan carne y cuáles no, exposición necesaria pues Gerard, y Bernat, el guitarrista, son vegetarianos. Sincronizadas y molletes para todos.

La música de El Ultimo Vecino no tiene pierde. Los catalanes se han hecho de una base de seguidores fervientes que gustan de la estética ochentera, la estética de sintetizadores y reverb, un gusto muy extendido en nuestro país.

“En verdad tenemos un idea más bien escasa de quien es nuestro público promedio” me dijo Pol Valls, las manos detrás de los sintetizadores que recrean la atmósfera gélida de El Último Vecino. “Podríamos pensar que por las inquietudes musicales, nuestro mayor público serían tíos de nuestra edad, pero en nuestras presentaciones hemos encontrado de todo. Más de una ocasión nos hemos encontrado con personas mayores que son nostálgicas del sonido de los ochentas y que corean las canciones con su chavala de 17 años”.

“Cuando le abrimos a The Kooks en España estaba lleno de chavales” continuó Gerard, el más participativo y que tiene una opinión para todo. “Pero nos han tocado otros lugares donde el público es mucho más grande”.

“Me gusta Clubz. Y Chavela Vargas apuntó Gerard después de que nos quedáramos escuchando por un momento el “Me Cansé de Rogarle” que salía de las bocinas del Café.

“Nuestro estilo viene de todo lo que escuchábamos y que cuando llegó el momento de empezar a tocar instrumentos, fue lo que salió. Nos gustaba El Último de La Fila, Front 242 y pues nos hace entender la base de una canción de manera distinta” me respondió Gerard después de preguntarle del nacimiento del sonido de la banda. “Nunca lo planeamos desde un principio. Ahora, por ejemplo, me gustaría alejarme de la estética ochentera. No dejarlo de lado completamente, pero ir minimizando esta influencia, porque vamos a acabar siendo un grupo revival y siempre es importante ir avanzando”.

El Último Vecino cuenta un LP debút homónimo que ya se ha ganado algunas reediciones, el suave EP Tu Casa Nueva y el más reciente Voces, materiales que los han llevado a tocar a Primavera Sound, Berlín, SXSW o el Festival NRMAL, entre otros.

Gerard habla tanto para adentro como para afuera. Mientras le pedía que me explicara el proceso de composición de la banda, un pequeño debate consigo mismo me respondía al mismo tiempo que parecía que una vez de dentro de él lo contradecía. El proceso empieza y termina con él y aunque no se considera músico, sabe hacer una secuencia de bajo en el sintetizador suficiente para ambientar sus extrañas y soñolientas letras.

El Último Vecino es el nombre de un libro inconcluso que estaba siendo escrito por Gerard antes de comprender que su don de la palabra podía ser explotado mejor en una banda. Sin embargo, sigue existiendo un aura literaria en las vaporosas letras que son adornadas por unas melódicas y dulces guitarras que, a su vez, siguen a unas insistentes secuencias de bajo y unas martillantes percusiones.

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Después de un rato, llegó la comida. Mientras hacían algunos comentarios en catalán entre ellos, decidí preguntarles sobre su postura política en el conflicto catalán, como a todos los oriundos de la región que conozco, siempre. Me confesaron que no había una postura como banda, aunque cada uno tenía sus propias creencias.

“Bésame Mucho” empezó a ambientar el almuerzo y decidí que era mejor acabar la entrevista que ya más bien se había convertido en comentarios aleatorios por parte de todos.

Al salir del Café, me convidaron un poco de un tabaco para forjar que traían desde España y me puse a pensar en lo que extraño que podría parecer haber desayunado en un lugar tan folclórico acompañado de españoles un 15 de septiembre.

El Último Vecino se presentará el próximo martes en Departamento antes de partir a Costa Rica. Esta vez llegaré antes y esperaré que ese día no haya calles cerradas.

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Fotos: Dulce Trejo

Categoría: Entrevistas
Autor:
Fecha: 19 septiembre 2016
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